Las mujeres en la historia de los libros: un paisaje borrado. Irene Vallejo
María José Aleu me envió el enlace a este vídeo de Irene Vallejo y quiero compartirlo aquí ya que merece ser divulgado.
Nati Torres.
El duelo en tiempos del Coronavirus. Irma Bouyat
Definimos “duelo” como: “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga de sus veces, como la patria, la libertad, un ideal, etcétera”
En palabras de Freud: “si el objeto no tuviese para el yo una importancia reforzada por millares de lazos, no sería causante de un duelo o de una melancolía” (Freud, 1917/1986, p. 253).
Nuestras vidas están estrechamente ligadas al duelo desde las primeras separaciones de la madre, en el paso por el complejo de Edipo, cuando se viven las decepciones amorosas… todos ellos son procesos lentos y dolorosos que debiéramos poder elaborar para seguir adelante, sin arrastrar dolor.
En este sentido, está siendo especialmente relevante la experiencia que estamos viviendo con la irrupción en nuestras vidas del virus Covid-19.
Desde principios de 2020 estamos experimentando algo insólito e insospechado: la aparición de un virus violento que se ha extendido por el planeta, una pandemia con la que nos estamos viendo obligados a convivir y que nos está cambiando radicalmente la forma de vida; cuando digo “vida” también hablo de “muerte” porque, además de que desde que nacemos podemos morir, en esta pandemia la muerte ha entrado en acción como un torbellino, adoptando un gran protagonismo y mordiendo nuestra cotidianidad de forma incisiva; además parece haberse instalado para recordarnos diariamente cuán mortales y frágiles somos, y cuánto la ignoramos y detestamos mirarla de frente.
Sí, la muerte existe y nadie la puede esquivar, por eso no se habla de ella, ni se la quiere ver ni en pintura; pero con la pandemia sobre nuestros hombros, muchas familias se han visto obligadas a vivirla de cerca al haber perdido a algún familiar o ser queridos. La humanidad entera está teniendo que vérselas con el duelo y con una realidad muy distinta a la que vivíamos anteriormente a la irrupción de este virus.
Para colmo de males, sin ninguna ética, los telediarios, las redes sociales y el WhatsApp ya se han encargado del resto, introduciendo en nuestros hogares imágenes y contenidos a veces pornográficamente angustiantes, que muestran como la más obscena de las telerrealidades exhibe los estragos de un virus que, todavía hoy, sigue siendo un gran desconocido para nosotros y sobretodo para la ciencia.
Estamos inmersos en esta experiencia que supera cualquier ficción pues tenemos la retina y la memoria bien impregnadas de todas esas fotos fijas de las calles vacías por el confinamiento, de los cadáveres apilados y extraviados por el mapa, del hacinamiento de una agonía desamparada en los pasillos de las UCIs, de los aplausos en los balcones y de horas y cifras confusas que nos siguen mostrando la cara más cruda de la muerte.
Y con la muerte de todas esas personas, cercanas o lejanas, con la muerte de proyectos de trabajo o de ocio, con la muerte de una perspectiva de vida mínimamente positiva, han llegado los duelos, inscritos bajo el marco de la falta, de aquello perdido e imposible de reeditar y de recuperar. Porque además hemos perdido muchas otras cosas que se englobaban en la llamada “normalidad” y que ahora echamos de menos porque no están más o han sido prohibidas: los abrazos, los conciertos multitudinarios, los besos, los viajes, las celebraciones familiares, las terrazas animadas y repletas de gente, las fiestas, las comidas y cenas de amigos, el acercamiento social, la caída de proyectos laborales, de puestos de trabajo, de la economía, de la falta de dinero para sobrevivir… el cierre de gimnasios, teatros, cines… e incluso todos esos ritos funerarios, entierros y velatorios que nos ayudaban a despedirnos de los seres queridos y que nos facilitaban una entrada digna en el duelo. Porque un duelo es a la vez ese estado tan triste en el que nos pone la pérdida de un ser querido (estar de duelo), las costumbres que acompañan ese acontecimiento (funeral, entierro, llevar el luto) y el trabajo psicológico que dicha situación implica (hacer su duelo). Entendemos como “normal” aquél duelo en el que uno es capaz de elaborar la pérdida, cuando el sujeto puede soltar los lazos que le ligan al objeto perdido y, eventualmente, puede investir otros objetos, nuevos.
Freud dice del duelo “es un proceso muy complejo que conlleva un gran gasto de energía psíquica; está en el fundamento de un mecanismo sostenido por el deseo como motor”, el mismo motor que nos pone en marcha de nuevo y nos permite seguir viviendo más allá de dicha pérdida. Porque a menudo, durante el proceso de duelo el sujeto puede experimentar una “pérdida de interés por el mundo exterior y la capacidad de investir un nuevo objeto de amor, el extrañamiento respecto de cualquier trabajo productivo que no tenga relación con la memoria del muerto” (Freud, 1917/1986, p. 242).
Se trata de un proceso lento y como dice Freud “que se ejecuta pieza por pieza y como un trabajo de adaptación a la realidad”.
Y es justamente a este trabajo de duelo y de “adaptación a la nueva realidad” a donde nos ha empujado la pandemia. Porque ahora nos toca la tarea de adaptarnos a la nueva situación, psíquica y físicamente, para intentar incorporarla a nuestras vidas, restableciendo el equilibrio entre lo que perdimos y lo que nos queda.
Y en este proceso nos encontraremos con innumerables sensaciones y sentimientos de pena, de extrañeza, de soledad, de dolor, de rabia, de amor y odio, de spleen…
Freud decía que “la hostilidad y el odio son reacciones básicas que experimentamos al tener que lidiar con decepciones y frustraciones”. Pero, para no quedarnos atrapados en el dolor, es fundamental lograr separar el amor del odio.
Trabajar esos duelos y encontrar, no sin esfuerzo, nuevas fórmulas para seguir viviendo es lo que se nos ha cruzado en el camino y lo que nos toca hacer ahora. “Hacernos de goma”, adaptarnos y asimilar poco a poco esta, todavía extraña, realidad a nuestras vidas nos ayudará en el proceso y evitará que malgastemos nuestra libido quedándonos anclados en tiempos pasados, evitando que malgastemos la energía de nuestro yo y de nuestro narcisismo.
Resulta ciertamente angustiante, complicado y muy agotador recomponerse ante una realidad carente de todas esas cosas que hemos perdido y que ahora valoramos y echamos de menos, pero justamente es también ahora cuando tenemos la ocasión de establecer nuevos lazos, nuevos vínculos de amor que nos permitan vivir mejor en estos nuevos tiempos.
En este “duelo 2020” tenemos que aprender a renunciar esa normalidad con la que nos identificábamos (nuestra idiosincrasia, porque éramos eso) y que se ha visto seriamente mutilada; tenemos que encontrar los resortes necesarios para seguir viviendo y enlazarnos con este nuevo mundo. ¿Con o sin mascarilla, con o sin distancia de seguridad, con o sin vacuna? Estas son las preguntas del millón, pero poco a poco se verá, poco a poco iremos encontrando el modo y el camino para ganarle la batalla al sentimiento de ambivalencia y ojalá que al virus también; iremos paso a paso resituándonos y re-subjetivándonos, con mucho amor, y encontrándonos cada vez más cómodos, viviendo con más naturalidad todas las novedades que estamos incorporando.
De otro modo, si el duelo no está bien elaborado y no logramos desasirnos de la “vieja normalidad” para adaptarnos a la “nueva”, se corre el riesgo de caer en graves fobias y patologías, como la melancolía, que paraliza y coarta a la hora de vivir placenteramente. Como es sabido, existen casos de gente que ha dejado de salir a la calle (“Síndrome de la cabaña”) y de relacionarse, otros en los que las personas se han vuelto paranoicas y compulsivas de la desinfección y de la limpieza, otros incluso han llegado al suicidio… sin olvidar a todos los “negacionistas”, conspiro-paranoicos e irresponsables que se consideran inmortales y se dedican a ponernos en riesgo y a retar al virus y a la muerte en las “fiestas Covid”, como si no fuese con ellos.
La ausencia de “la normalidad” da paso a la presencia de una “otra normalidad” y, como en la alternancia “ausencia-presencia” y del juego del Fort Da, damos cuenta de un verdadero trabajo de duelo al lograr representar una ausencia para así poder desligarnos de la necesidad de su presencia.
Otro duelo por el que transitamos en nuestras vidas es con el que nos encontramos al separamos de nuestros padres, en el “desasimiento de la autoridad parental”, momento también difícil y doloroso, o el duelo que implica pasar el Complejo de Edipo y saber de la castración.
En texto de “Duelo y melancolía” de Freud encontramos la lógica que nos ayuda claramente a entender la ardua tarea que significa elaborar un duelo y renunciar sin resistencias a aquello que pensábamos era nuestro y que ya no está más.
En estos tiempos de pandemia, nos encontraremos con duelos muy diversos que exigirán del trabajo de análisis para paliar el sufrimiento psíquico; tendremos que tramitar lo pulsional con el objetivo de soltar las amarras a las fijaciones libidinales que nos anclan al pasado y al goce y al sufrimiento. Lo que Freud denominó “trabajo de reelaboración o durcharbeiten” y para ello necesitaremos tiempo, el tiempo necesario para poder soltar la nostalgia de los tesoros queridos y perdidos.
Cada día, los medios de comunicación nos ametrallan con noticias, nos hablan de cómo el Covid-19 puede llevarse por delante a mucha más gente si no vamos con cuidado, de sus estragos en la economía y en las tasas de paro entre otras; pero estoy convencida de que si luchamos, insistimos y nos reinventamos con sentido común y precaución, cuidando las normas de funcionamiento, de higiene y profilaxis, iremos adaptando nuestras vidas a esa “nueva y severa normalidad” de la que tanto se habla, articulando vida y muerte quizás con más naturalidad que ahora. Al fin y al cabo, la vida y la muerte van siempre de la mano.
Habrá duelos quizás más solitarios, pero no necesariamente más en soledad, porque muchos de ellos son comunes a todos.
El virus y sus circunstancias han multiplicado exponencialmente los duelos, complicándonos y mucho la tarea de drenar el dolor y poder convertirlo en algo fecundo. En cualquier caso, buscaremos la fórmula que nos permita volver a disfrutar de la vida.
La pandemia nos ha obligado a aceptar unas condiciones nuevas de juego. Hemos integrado todavía más la tecnología a nuestras vidas y las herramientas virtuales nos están ayudando a paliar las ausencias. Hemos aprendido a manejarnos con las videoconferencias, con las sesiones de análisis virtuales o telefónicas… hemos tenido que adaptarnos y ponernos las pilas, los wifis y los auriculares para no morir en el intento. Están las redes sociales en su vertiente positiva y solidaria, ayudando, recogiendo hashtags, mensajes, poemas y palabras que nos han aliviado de tanta pérdida y nos han ayudado a comunicarnos entre nosotros…
Hemos tenido que reinventarnos y encontrar una nueva forma de poner el cuerpo y de dar continuidad a la transferencia, de posibilitar la realización en acto del deseo de analizante y del deseo de analista, dando lugar a que la palabra pueda seguir haciéndose escuchar, salvaguardando el sostén de toda la gente sufriente.
Despedirse de los seres queridos fallecidos y de todas esas cosas integradas en situación vital que teníamos en la “antigua normalidad” están siendo muy difícil, pero estoy segura de que muy pronto aprenderemos a lidiar mejor con la ausencia y con la falta, encontrando nuevas referencias, cuidando más las relaciones con los demás y compartiendo ese tesoro que recoge todas las palabras y significantes que tanto nos alivian.
El duelo es una experiencia singular de reparación única e intransferible en cada sujeto y depende y varía mucho según cómo se inscribe la pérdida en cada persona.
No olvidemos que, como sujetos psíquicos, estamos en constante trabajo de duelo ya nuestro propio aparato psíquico empieza su fundación en base a las perdidas y faltas propias de la vida.
Todo duelo es una experiencia de vida y de muerte que forma parte de la historia familiar y de los que vienen después, porque se hablará de quienes ya no están entre nosotros (y que así siguen vivos de alguna manera) y que forman parte de la riqueza simbólica de la familia.
Como nos ha enseñado la pandemia, la vida es una pérdida constante porque implica cambios constantes, nuevas situaciones, nuevas vivencias y circunstancias, encontrándonos con la falta, de lo que fue y ya no es, esa misma falta que pone en marcha el motor del deseo, ayudándonos a seguir vivos y a avanzar.
Como diría Freud: “si vis vitam, para morten”: si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte". (1915).
Irma Bouyat es estudiante del Máster en Teoría y Práctica Psicoanalítica que se imparte en Apertura.
Rememorando la historia de Apertura-2. Laura Vaccarezza
Se acerca el 40 aniversario (1981–2021) de la fundación de la asociación Apertura; el inminente acontecimiento nos ha hecho recordar las celebraciones de aniversarios pasados, que os queremos participar transcribiendo aquí otro de los textos producidos 15 años atrás, con motivo de la celebración del 25 aniversario de Apertura. El texto es de Laura Vaccarezza:
Hoy quiero hablar de mis 25 años, de mis veinticinco años en Apertura que, con toda seguridad, no son los mismos ni para mis colegas, fundadores como yo, ni para los que también lo han sido y se han ido, ni para los que han pasado por la institución, ni para los que se han quedado, ni para los que han venido y vienen a escucharnos. Cada uno tendrá su lectura, su posición, su modo diferencial de acercarse a la institución, su interpretación de lo que es, de lo que ésta significa y su propia respuesta del porqué pertenecer a una asociación.
En mi caso comienza con el “no es eso” freudiano, que comparto con otros con los que nos asociamos para trabajar, para investigar de “otro modo”, sin amo, volviendo a los textos.
Momento largo y fecundo, tan fecundo que golpeaban a nuestra puerta para acercarse a la formación y a la transmisión que no nos atrevíamos a dar. El “no estamos suficientemente preparados” eterno de algunos no amilanó el deseo de otros y, así, Apertura se abre a aquéllos que se “adhieren al proyecto”.
Otro momento de viraje, en este caso se trata de autorización, de esfuerzo de trabajo, de escritura, de producción, en el que aprendí enseñando, confrontando y exponiendo en un largo proceso hasta hoy.
Aprendí también de la ruptura, del estallido, de la escisión, aprendí que separarse no es fracaso, tampoco es éxito, es realidad, es la realidad de las instituciones, es lo que permite el progreso si uno no se queda atascado en las pasiones o en el duelo. Encontré, en ese momento, sentido a las palabras de quien considero mi maestro y para el que siempre fui Laurita. En los momentos en que le hablaba de problemas institucionales, él me decía: la clínica, la clínica, hay que volver a la clínica. Fue el intento de explicarme ciertos fenómenos institucionales lo que me puso a trabajar una vez más.
He pasado a mi manera por mi apertura síntoma, mi apertura-fantasma, mi apertura-goce, mi apertura-deseo, y me he quedado con mi apertura-trabajo. Todo esto me permite decir que el valor que se le puede dar a las asociaciones es particular para cada analista, y que depende del momento de su formación y de su análisis, de lo que suponga que es un psicoanálisis, de lo que suponga que es ser analista, de sus motivos conscientes o inconscientes para inscribirse en ellas, de lo que crea que puede conseguir, ya sea reconocimiento, prestigio, poder, lo que sea que ponga en juego en cada momento.
De todos modos, creo que las diferencias pueden encontrarse en un punto, y es que las asociaciones, con todos sus avatares, producen saber, que asociarse permite sostener y sostenerse en un discurso y que la transferencia de trabajo es posible, como he podido comprobar en estos años. Motivos por los que concluyo que la reunión de analistas va unida al acto analítico, que es un efecto del mismo y es un lugar más por el que el analista ha de transitar, ya que el encuentro cotidiano con la falta en la soledad de su despacho le impulsa a compartir, a intentar transmitir cómo se las arregla con eso tan particular que es su trabajo.
¿Qué podemos esperar entonces de las instituciones? Escuchemos a Freud en 1914, refiriéndose a las reuniones de los miércoles:
“El pequeño círculo así iniciado adquirió pronto más amplitud y cambió varias veces de composición en el curso de los años siguientes. Por la riqueza y la variedad de dotes de sus miembros, podía ser comparado, sin desventaja, con el estado mayor de cualquier profesor clínico. Desde un principio formaron parte de él aquellas personalidades que más tarde han desempeñado en la historia del movimiento analítico papeles importantes, aunque no siempre satisfactorios. Pero en aquella época no podía prever yo un tal desarrollo. Debía darme por contento, y creo haber puesto de mi parte todo lo posible para hacer accesibles a los demás mis conocimientos y mi experiencia. Surgieron, sin embargo, dos circunstancias que constituían un mal presagio, y que acabaron por distanciarme internamente del grupo. No conseguí en efecto, establecer entre sus miembros aquel acuerdo que debe reinar entre hombres consagrados a una misma ardua labor, ni tampoco ahogar las disputas sobre prioridad, a las que el trabajo común daba frecuente ocasión. Las dificultades particularmente grandes de la enseñanza práctica del psicoanálisis, a las cuales se deben muchas de las desavenencias actuales, no tardaron en hacerse sentir en la naciente Asociación Psicoanalítica Privada de Viena.”
Pese a todo, continuó… por muchos años. Feliz cumpleaños a todos.
Laura Vaccarezza
Artículo publicado en el libro: La formación del psicoanalista y el valor de las instituciones, editado con motivo del 25 aniversario de Apertura.
Permanecer mudo o mentir. Darío Corbeira. II
Rodríguez Garzo, M. "Decir presente. En conversación con Darío Corbeira", Permanecer mudo o mentir. Darío Corbeira, Brumaria, Madrid, 2019, pp 9-34.
Ensayo sobre un dispositivo artístico y teórico en el MUSAC y en Tabacalera, sobre el trabajo de Darío Corbeira.
ISBN: 978-84-94-9929-3-3
La piel del discurso médico
"La piel del discurso médico: entre el cuerpo y el organismo", escrito de Montserrat Rodríguez Garzo para La piel del discurso médico, comisariado con Javeir Codesal.
Rodríguez Garzo, M. "La piel del discurso médico: entre el cuerpo y el organismo", La piel del discurso médico, DPH/ UIMP, Huesca, 2017, pp.149-201.
ISBN: 978-84-92749-66-9
Transcuerpo
La casa del cuerpo, obra de Alex Francés, ¿es una producción discursiva? Discurso es una noción compleja. No pretendemos ni un ligero acercamiento a su episteme pero hemos de situar el uso que hacemos del término, más aún interrogando la consistencia de la noción en relación al pensamiento artístico. En el modo artístico se hace especialmente evidente que nada asegura la relación código -mensaje, la comunicabilidad, operación propiamente discursiva. Y en la obra de arte, si algo se asegura es el predominio de tal o cual rastro del cuerpo. ¿Podríamos hablar de la discursividad del rastro?
Lacan asistió a la conferencia de Foucault (1969) “¿Qué es un autor?” y ese mismo año, 1969, impartió El reverso del psicoanálisis, seminario dedicado a la exploración de la noción de discurso, y podemos suponer que conocía La arqueología del saber. En este seminario Lacan se propone analizar la noción de discurso y lo va definiendo como un aparato que excede la palabra, una estructura que subsiste con o sin palabras: “nosotros somos sus empleados. El lenguaje nos emplea, y por ese motivo eso goza”, en tanto el Otro preexiste al ser hablante configurando su individualidad.
ISBN: 978-84-482-6510-6
Prova. Javier Codesal
¿Qué es el psicoanálisis? Irma Bouyat entrevista a Norberto Ferrer
Norberto Ferrer nos dice qué es el psicoanálisis
ENTREVISTAS REALIZADAS EN BARCELONA, CON OCASIÓN DE LAS XXVIII JORNADAS DE CLÍNICA PSICOANALÍTICA[1] : FEMINISMO, PATRIARCADO. SUS EFECTOS
Irma Bouyat entrevista a Norberto Ferrer, Psicoanalista, escritor y miembro co-fundador de Apertura, y de Acto Barcelona, entidad organizadora de esta XXVIII edición de las Jornadas de Clínica Psicoanalítica. La entrevista puede verse en video en el canal de Youtube de Apertura.
En palabras llanas y para que todo el mundo pueda entendernos, ¿podría explicarnos la esencia del psicoanálisis?
Norberto Ferrer:
Un psicoanálisis es principalmente la práctica de un viaje al interior de uno mismo, de lo que uno cree ser y que, a posteriori, en el transcurso de dicho psicoanálisis, le hace darse cuenta de que lo que creía ser, ya no es. Entonces ¿qué es? En ese lugar aparece todo lo demás, por ejemplo, el deseo inconsciente. Durante un análisis hay un cambio de la posición subjetiva del analizante, del sujeto, donde cambian sus posiciones de goce, donde acepta mejor su sufrimiento y puede transformarlo en bienestar y en placer; de esta forma, el Sujeto hace mejor sus elecciones de amistad, de trabajo, de pareja etc… y el deseo puede ser liberado de sus ataduras a los otros (los primeros otros son los padres); en esto consiste un análisis.
Hoy —en estas XXVIII Jornadas de Clínica Psicoanalítica, dedicadas al tema: Feminismo, Patriarcado. Sus efectos— se ha hablado de “un padre, de un rey decapitado” en contraposición con el capitalismo. ¿Dónde podríamos pensar que se sitúan actualmente la mujer y el hombre, ese mismo individuo ahora “decapitado” y que ha creado el sistema en el que vivimos, basado en patrones de poder? ¿Podríamos afirmar que el hombre y la mujer, los Sujetos estamos en peligro?
Norberto Ferrer:
El Sujeto está aplastado, gracias al discurso capitalista, hoy se ha hablado de “decapitalismo”… En ese aspecto, los síntomas del inconsciente del hombre, de la mujer, del Sujeto, resurgen y permiten salir de ese aplastamiento; parece paradójico pero los síntomas nos salvan de la desaparición subjetiva, de morir subjetivamente.
¿Qué le parecen estas XXVIII Jornadas de Clínica Psicoanalítica?
Norberto Ferrer:
Me parecen muy bien porque ya, desde las primeras ponencias, se han planteado todos los temas importantes del psicoanálisis y, sobre todo, el tema de la función paterna y del lugar femenino.
[1] Entrevistas realizadas a diversos psicoanalistas con ocasión de las XXVIII Jornadas de Clínica Psicoanalítica, celebradas en Barcelona. Realización de los videos: Carlos Lázaro, Irma Bouyat. Transcripción a texto: Irma Bouyat. Revisión del texto: Lidia Ortiz.
Pueden verse en el canal de Youtube de Apertura
Irma Bouyat entrevista a Laura Vaccarezza
Entrevista a Laura Vaccarezza
REALIZADA EN LAS XXVIII JORNADAS DE CLÍNICA PSICOANALÍTICA[1]
Irma Bouyat entrevista a Laura Vaccarezza, psicoanalista y miembro co-fundador de Apertura.
En palabras llanas y para que todo el mundo pueda entendernos, ¿podría explicarnos la esencia del psicoanálisis?
Laura Vaccarezza:En mi opinión el psicoanálisis es la escucha de un Sujeto que sufre. No se trata de darle fórmulas o ejercicios, no se trata de una terapia, es algo diferente; se pueden hacer otras cosas que también aportan beneficios, pero el psicoanálisis ayuda al Sujeto a encontrar la causa de su sufrimiento. Sin ser dirigido, sin buscar que las soluciones las aporte el analista, el Sujeto podrá encontrar y escuchar su propio deseo; así podrá renunciar al sufrimiento, a los significantes y a los dichos que han marcado su historia y que le han hecho sentirse sujetado al discurso familiar y social; podrá diferenciarse y hacer algo con eso. No se trata de conseguir absolutamente todo lo que uno se propone sino de aliviar el dolor, el sufrimiento, permitiéndole hacer las cosas que desee hacer en la vida sin que sus síntomas se lo impidan. Es un trabajo que lleva tiempo porque tiene que ver con el inconsciente, que a veces es rápido y otras es lento. Desde el momento en que comienza una cura, la persona que entra en análisis, por el solo hecho de hablar, despejar los significantes y las cuestiones históricas que lo han cristalizado como ”tú eres así, tú nunca podrás”, cuestionando esos oráculos familiares, podrá aligerarse y encontrar cierto movimiento y posibilidad de liberarse de eso que lo constriñe. Esto no quiere decir que sea el final del análisis, ya que no todo el mundo necesita llegar hasta ahí pero, en cualquier caso, tiene efectos terapéuticos. La persona que está en análisis decide hasta dónde quiere llegar y, a lo mejor, con el tiempo, puede que vuelva a revisar otras cuestiones o avatares de la vida que lo pongan en cuestión.
Hoy —en estas XXVIII Jornadas de Clínica Psicoanalítica, dedicadas al tema: Feminismo, Patriarcado. Sus efectos— se ha hablado de “un padre, de un rey decapitado” en contraposición con el capitalismo. ¿Dónde podríamos pensar que se sitúan actualmente la mujer y el hombre, ese mismo individuo ahora “decapitado” y que ha creado el sistema en el que vivimos, basado en patrones de poder? ¿Podríamos afirmar que el hombre y la mujer, los Sujetos estamos en peligro?
Laura Vaccarezza: En este momento la mujer y el hombre son víctimas del aplastamiento del deseo. En nuestra sociedad actual se ofrecen objetos para todo: tienes que ser feliz y te puedes comprar cualquier cosa, por internet o donde sea…, siempre hay algo que te va a calmar, siempre hay algo que te hacen sentir que necesitas, y estos objetos te los brinda el capitalismo. Paradójicamente la gente acude más a análisis; los motivos pueden ser por depresión (ya que esos objetos no le satisfacen ni le calman), por crisis de ansiedad (porque no logran cumplir los objetivos que se les plantea en el trabajo, por ejemplo). Las mujeres jóvenes, de entre veinte y treinta años, vienen a consultarme porque su pareja les pega, aunque parecía que el microfeminismo y el aplastamiento del patriarcado había favorecido que la mujer encontrase su lugar. Insisto en plantear la cuestión de la subjetividad porque el maltrato no es solo una cuestión social, cada Sujeto actúa subjetivamente, uno puede sentir que tiene que ser pegado por algo de su historia, y otro se revela e incluso agrede. Yo me pregunto a qué apela la frase que se escucha actualmente: “Cuando él me pega, yo me callo, me calmo”. ¿Hablamos de una Función Paterna fallida, de un masoquismo femenino, de un sacrificio? ¿Qué se supone que es un hombre, qué se supone que es una mujer frente a él, qué lugar le concede la mujer al hombre para que se suponga que, si éste le pega, eso está bien? Surgen muchas preguntas.
¿Qué le parecen estas XXVIII Jornadas de Clínica Psicoanalítica?
Laura Vaccarezza: Valoro mucho estas jornadas porque desde Apertura surgió la idea y hemos sido los fundadores. Es un modo de hacer saber lo que hacen los psicoanalistas, de interconectar a las asociaciones, algo que no ocurría en España, y de hablar de la clínica, más allá de estudiar y analizar los textos de Freud y de Lacan. Con estas jornadas buscamos un encuentro y una confrontación que tenga que ver con el trabajo que hacemos y con cómo cada uno se las arregla con la cura y con su quehacer.
[1] Entrevistas realizadas a diversos psicoanalistas con ocasión de las XXVIII Jornadas de clínica psicoanalítica: "Feminismo, patriarcado. Sus efectos". Realización de los videos: Carlos Lázaro, Irma Bouyat. Transcripción a texto: Irma Bouyat. Revisión del texto: Lidia Ortiz.
Pueden verse en el canal de Youtube de Apertura.









