LAS MUJERES Y LOS HOMBRES. ENCUENTROS Y DESENCUENTROS
LAS MUJERES Y LOS HOMBRES. ENCUENTROS Y DESENCUENTROS
El encuentro con el Otro sexo produce desencuentros que se manifiestan, tanto en hombres como en mujeres, a modo de síntomas, ya sean individuales, en las relaciones de pareja o en el ámbito social y laboral. ¿Qué los une? ¿Qué los separa? ¿Deseos, goces, amor, odio, rivalidad, semejanzas, diferencias? Los prejuicios, las expectativas, las rivalidades, las frustraciones, los fantasmas y la historia de cada uno forman parte del entramado que los vincula. Hombres y mujeres se manifiestan en la intimidad de la pareja, en el trabajo o en los medios de comunicación encarnando o cuestionando los roles que históricamente se les han asignado. Los cambios individuales y sociales, incluyendo la declinación del ideal social patriarcal, colocan tanto a unos como a otras en la necesidad de replantearse su posición. Con el propósito de reflexionar sobre ello, Acto, Centro de Asistencia Psicoanalítica, Psiquiátrica y Psicológica ha reunido en este volumen el aporte de profesionales de diversas disciplinas.
Índice: Introducción y Presentación: Carlos H. Jorge, psicólogo, psicoanalista. Parejas de deshecho: Alejandro Palomas, filólogo, escritor. Desigualtat en la informació (versión en castellano: Desigualdad en la información): Montserrat Puig , asistente social, periodista, presidenta de As. Dones Periodistes. Si el hombre no encuentra su derrota: ¿qué hará una mujer con su extravío?: Francisco Rodríguez, psiquiatra, psicoanalista, Espacio Psicoanalítico, Pamplona. Coloquio. Presentación de : Vicente Montero, psiquiatra, psicoanalista. Amors i desenganys (Amores y desengaños): Anna Casino i Moreno, psicóloga, psicoanalista. CASSIR Badalona Serveis Assistencials, Centre d'Higiene i Salut Mental de Badalona. Desconstrucción del amor. Encuentros y desencuentros: Francisco Montero , filósofo, escritor. Las mujeres y los hombres: Encuentros con desencuentros: Norberto Ferrer , psiquiatra, psicoanalista. Coloquio. Clausura de la Jornada: Laura Vaccarezza, médica, psicoanalista y Elvira Valls Carol, psicóloga, psicoanalista. (192 páginas). Disponible en papel 12 €, ISBN papel: 978-84-611-0826-8, y en formato electrónico 10 €, ISBN ebook: 978-84-613-2370-8
LA HERENCIA DE LAS PALABRAS.
LA HERENCIA DE LAS PALABRAS.
Palabras que enferman, palabras que curan
Herencia y palabras entretejen nuestra existencia combinando el patrimonio cultural y la geometría del lenguaje.
La palabra, instrumento privilegiado del psicoanálisis, presencia hecha de ausencia, es, desde el inicio, interlocución. En su llamada al otro se tropieza sin cesar con la cuestión de que no todo puede decirse.
La herencia, combinatoria inédita de la transmisión, nos transita y nos acerca necesariamente al sello imborrable de nuestra historia, hecha de palabras. La herencia de las palabras diseña entonces, con trazo firme, la escritura singular de la memoria colectiva e individual.
Reflexionar sobre este entrecruzamiento es el propósito de este libro, que recoge los trabajos de representantes de diversas disciplinas.
Índice: Introducción y presentación de la Jornada, Elvira Valls Carol, psicóloga, psicoanalista. Locuras con palabras: Vicente Montero, psiquiatra, psicoanalista. Género y sexualidad. Una perspectiva social y política: Óscar Guasch, Profesor de Sociología del Género y de la Sexualidad de la Universidad de Barcelona. Palabra, sólo tú me habitas: Norberto Ferrer, psiquiatra, psicoanalista. Coloquio. Palabras del deseo: Mercè Altimir, Psicoanalista, Profesora de la Universidad Autónoma de Barcelona. Escuchar la palabra que cura : Emma Fernández, Escritora. Las palabras y el dolor: Carlos H. Jorge, psicólogo, psicoanalista. Coloquio. Palabras de clausura: Laura Vaccarezza, médica, psicoanalista. (128 pág.). Disponible en papel 12 € y en formato electrónico (e-book) 10 €. ISBN papel: 978-84-611-8074-5
ISBN ebook: 978-84-613-2357-9
LAS FAMILIAS EN LA ACTUALIDAD. NUEVAS MODALIDADES, NUEVOS CONFLICTOS.
LAS FAMILIAS EN LA ACTUALIDAD. NUEVAS MODALIDADES, NUEVOS CONFLICTOS.
A lo largo de la historia de la humanidad observamos cómo los individuos se agrupan a fin de garantizar su subsistencia. El grupo, con sus rituales, sus mitos, sus leyes, determina una estructura simbólica en la cual sus integrantes se sostienen. Esta estructura excluye a su vez, directa o indirectamente, a quienes no cumplen con sus condiciones. La familia, núcleo social primitivo, ha ido abandonando su organización tradicional y ha tomado nuevas modalidades debido a los cambios sociales y también a los avances científicos. En la actualidad, junto a las tradicionales, encontramos nuevas estructuras familiares, algunas socialmente más aceptadas que otras: familias numerosas o del único hijo, familias “normalizadas”, familias desestructuradas, monoparentales, homoparentales, adoptivas, de acogida o extensas, “buenas” o “malas” familias, etc. Lejos de polémicas prejuiciosas, nuestra propuesta es conocer desde diferentes ámbitos las manifestaciones de estos cambios, sus avances y sus conflictos.
Indice: Introducción y presentación : Laura Vaccarezza, médica, psicoanalista. ¿Y la familia qué tal? ...Mal, gracias : Carlos H. Jorge, psicólogo, psicoanalista. La respuesta del derecho penal al fenómeno de la violencia doméstica: Fernando Valle, magistrado de la Audiencia Provincial de Barcelona, Sección 7ª, Penal. Introducción de: Vicente Montero, psiquiatra, psicoanalista. Basilio, tu amb qui vius? (Versión en castellano: Basilio, ¿tú con quién vives?): Elisa Serra, psicóloga, Equip d'Assessorament Psicopedagògic del Departament d'Ensenyament (EAP). Familias y escuela: una propuesta para el debate: Pilar Moreno, psicopedagoga de Educación Secundaria.Introducción : Elvira Valls Carol, psicóloga, psicoanalista. El derecho a contraer matrimonio entre personas del mismo sexo. Modificaciones legales: Ángeles Vivas Larruy, magistrada de la Sala de Lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Reflexiones sobre las nuevas modalidades familiares: Mª Jesús Tejero, Antonia Lovillo, Mª Carmen García, Albert Fages, Antonia Hernández, Isabel Castro, Victoria Molinos, Delegados de Asistencia al Menor (DAM). Noves famílies, nous reptes (Versión en castellano: Nuevas familias, nuevos retos): Núria Ventura, Mar Castells, Lourdes Martí, Puri ALzola, Equipo CSS, Centre Municipal de Serveis Socials (Clot). Nuevos modelos de familia. Una perspectiva antropológica: Sandra Santos, antropóloga. Vivir en familia: Norberto Ferrer , psiquiatra, psicoanalista. (178 páginas). Disponible en papel 12 €, y en formato electrónico (e-book) 10 €.
ISBN papel:
ISBN ebook: 978-84-613-2365-4
LA VIOLENCIA: ¿UN MAL DE NUESTRO TIEMPO?
LA VIOLENCIA: ¿UN MAL DE NUESTRO TIEMPO?
A diario constatamos que la violencia ocupa y preocupa a la sociedad en general y a los profesionales que la viven cotidianamente en particular. Los medios de comunicación reflejan una realidad que afecta a las mujeres, a los niños, a los ancianos, a las familias, a las escuelas, a los marginados y a los débiles. Si consideramos que la violencia es intrínseca a la naturaleza humana, y afirmamos también que ha sido ejercida siempre a los largo de la historia, ¿por qué este protagonismo en la actualidad? ¿Se trata de una crisis de valores?, ¿de una exaltación de los medios?, ¿o de una nueva realidad? Acto, Centro de Asistencia Psicoanalítica, Psiquiátrica y Psicológica reúne en este volumen los trabajos de distinguidos profesionales de las áreas social, sanitaria, educativa y jurídica, sobre un tema de máxima actualidad: la violencia.
Índice: Introducción y presentación. N. Ferrer: La violencia: un mal de nuestro tiempo. C. H. Jorge: Introducción. E. Serra. Equip d'Assessorament Psicopedagògic del Departament d'Ensenyament (EAP): La violencia en las instituciones educativas: escuelas y servicios educativos. P. Moreno. Psicopedagoga, ¿De qué es expresión la violencia de los adolescentes en el instituto? D.Cruz, N.Menta, S. Frnández, N.Tormo. Equip d'Atenció a la Infància i l'Adolescència (EAIA) Barceloneta-Gótico, La violencia en diferentes ámbitos: individual, familiar y profesional. Intervenciones del público. C. Valls. Médica. Directora del programa: “Dona, Salut i Qualitat de Vida” de CAPS, La detección de la violencia contra las mujeres en el ámbito de la Atención Primaria . Mª J. Tejero, A.Lovillo, MªC.García, T. Saiz A. Fages, A. Hernández, I. Castro, V. Molinos, A. Fornas. Delegados Asistencia al Menor (DAM.), ¿Violencia en la respuesta institucional frente a las conductas transgresoras? Á. Vivas. Magistrado de la Sala de Lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. El acoso psicológico en el trabajo. V. Montero: Introducción. M. Padrós, Pedagoga Casal dels Infants del Raval, Aprendizaje y diálogo. Prevención de la violencia en los y las jóvenes. E. Cerdà, A. Sanjurjo. Centre d'Higiene Mental de Cornellà, La mujer ante la violencia. J. A. Arnau. Educador Social, Delincuencia juvenil e imaginario social, psicofármacos y violencia institucional. L. Vaccarezza. Introducción a la Mesa Redonda. M. Ferré, Directora de la Granja Escuela Sinaí, Sobre el trabajo con los jóvenes de la Granja Escuela Sinaí. L. Paradell, Jefe de Análisis Estratégico de la Policía Mossos d'Esquadra, Sobre bandes jovenils organitzades violentes. Versión en castellano: Sobre bandas juveniles organizadas violentas A.Celaa, Mª J. Aleu, Centre de Salut Mental Infanto-Juvenil (CSMIJ) Maresme Nord, Sobre la demanda y la atención en los casos de violencia. M. Mateu, X. del Pozo, M. Berges, Centre Municipal de Serveis Social (CSS) Besós. Los malos tratos a las personas mayores. Conclusiones por L. Vaccarezza . (247 páginas). Disponible en papel 15 €, y en formato electrónico (e-book) 10 €.
ISBN papel: 978-84-609-2845-4, ISBN ebook: 978-84-613-2368-5
HABLAN LAS MUJERES
HABLAN LAS MUJERES. Autora: Laura Vaccarezza. Ed. Biblioteca Nueva
Índice:Introducción. El cuerpo femenino. La sexualidad: ser mujer. La diferencia de los sexos. Ser madre. La relación con los otros. La formación profesional, el trabajo. Los síntomas actuales. Referencias históricas. Bibliografía. (146 páginas). PVP: 7 €
EL TRABAJO ANALÍTICO. Conceptos indispensables
EL TRABAJO ANALÍTICO. Conceptos indispensables. Autora: Laura E. Vaccarezza. Ed. Síntesis
Índice:Introducción.1. La constitución del sujeto . El primer otro: la relación madre-hijo, madre-hija. La estructura. El complejo de Edipo en el niño y en la niña. Polos fantasmáticos. El complejo de castración. El concepto de falo.2. Manifestaciones subjetivas: su anudamiento . El síntoma. El fantasma. La angustia: sus manifestaciones en la cura. El goce. Los tres registros.3. La experiencia psicoanalítica . ¿Qué es el psicoanálisis? ¿Par qué sirve? El entrada en análisis. El diagnóstico. El pago y la duración de las sesiones. La dirección de la cura. La transferencia. El sujeto Supuesto Saber. La destitución subjetiva. El fin de análisis.4. Las estructuras clínicas . Neurosis. Perversión. Psicosis.5. Las particularidades del análisis con niños. La mujer, la madre. Las demandas. ¿Quién efectúa la demanda? El niño síntoma y el síntoma del niño. Diagnósticos, transferencia y dirección de la cura.6. El análisis con adolescentes . La adolescencia. Las demandas. Los desencuentros. La transferencia. 7. La transmisión del psicoanálisis: espacios. La supervisión. El cartel. El pase. La presentación de casos. La formación del psicoanalista. Autorizarse analista. Las instituciones psicoanalíticas. A modo de reflexión: el psicoanálisis que viene. Bibliografía. (239 páginas) PVP: 15 €
ANOREXIA. Teoría y clínica psicoanalítica
ANOREXIA. Teoría y clínica psicoanalítica. Autores:Laura Vaccarezza, Carlos H. Jorge y G. Baravalle. Ed. Paidos
Índice: Prólogo. Introducción. Carlos H. Jorge : Dulce: una hija que se come. Introducción. El caso: sus particularidades. “El cuadro genealógico”. El complejo de Edipo y el Estadio del Espejo. La teoría y la clínica. Graciella Baravalle : Una enfermedad del deseo. Transferencia. Escuchar la pulsión. El psicoanálisis y la anorexia. Laura E. Vaccarezza: Anorexia y Psicosis. Introducción. ¿Se puede hablar de anorexia en la psicosis? La clínica. El ingreso. Antecedentes históricos. El tratamiento. Análisis del caso. La relación madre hijo. La sexualidad femenina. El deseo de la madre. La alimentación. ¿Qué elementos comunes podemos encontrar entre anorexia y psicosis? Bibliografía.(88 páginas) PVP: 9 €
DIFERENCIA DE SEXOS, SÍ; IGUALDAD DE DERECHOS, TAMBIÉN. (SEPARATA)
DIFERENCIA DE SEXOS, SÍ; IGUALDAD DE DERECHOS, TAMBIÉN. (SEPARATA). Autora: Laura E. Vaccarezza. Cuadernos de Derecho Judicial
Índice: I.Introducción. II. Un poco de historia. 1. La mujer en los orígenes del psicoanálisis. 2. La escucha de Sigmund Freud. Impasses y prejuicios. 3. Las psicoanalistas mujeres responden a las teorías freudianas. 4. La teoría de Jacques Lacan: "La mujer no existe". III. La diferencia de los sexos. 1. La constitución del sujeto. 2.¿Qué tienen ellos? ¿Qué les falta a ellas? 3.Ellas... ¿Son todas histéricas? O la asimilación de lo femenino a la histeria. IV. Hombres y mujeres. 1. La relación con el hombre: ¿una cuestión de poder? 2. La mujer y el saber. V. Expresiones actuales de la diferencia de sexos. 1.Los malos tratos. 2.El mundo laboral y las mujeres. VI.Conclusiones. VII.Bibliografía.PVP 3 €
La alucinación: un punto de vista psicoanalítico
La alucinación: un punto de vista psicoanalítico
En primer lugar quisiera agradecer a los profesores Loo, Ollé, Zefirian y también al doctor Gérard, que me hayan dado la oportunidad de participar en este encuentro y de trabajar juntos el difícil problema de la alucinación, tal como lo plantea el psicoanálisis. Deseo que mi intervención no sea una exposición magistral sino un pretexto para el intercambio.
Me complace poder decir, en este ciclo interdisciplinario, que formo parte de los psicoanalistas que creen en la necesidad de hacer el lenguaje analítico audible a los practicantes de otros campos científicos. Queremos recibir los aportes de otras disciplinas y, simultáneamente, sentirnos estimulados por nuestra propia contribución.
Justamente el tema de la alucinación se presta perfectamente a tal propósito: es el ejemplo de una cuestión situada en el cruce del pensamiento analítico y psiquiátrico. Un aspecto notable de la intervención de nuestros dos campos es la estrecha afinidad que existe entre la concepción psicoanalítica de la alucinación hoy, y la concepción psiquiátrica, ya muy antigua, formulada por Esquirol.
Volveremos sobre esto enseguida.
Además, la alucinación es también el ejemplo de un fenómeno que el psicoanálisis intenta explicar, que trata de formalizar, ya que somos conscientes de su carácter enigmático. Los psicoanalistas no escapan a la regla a que son sometidos otros teóricos en el momento en que tratan de explicar un hecho oscuro: cuando no podemos explicar un hecho enigmático, nos contentamos con darle un nombre. palabras teóricas —ya que a veces son ficciones— esperando días mejores en que, bruscamente, el fenómeno se llenará de una luz nueva.
Precisamente, ¿cuáles son las palabras teóricas con las que nosotros pensamos, psicoanalíticamente, la alucinación? y ¿cuál es la especificidad del aporte psicoanalítico al problema de la alucinación? Voy a responderles, pero permítanme antes mencionar tres cuestiones previas, tres principios inscritos en el frontispicio del edificio analítico, cuando entramos por la puerta de la alucinación:
Para el psicoanálisis:
- Sólo hay alucinación en el seno de la relación con el otro, ya sea este otro alguien próximo en la vida del alucinado, o ya sea el psicoanalista, o ya sea el psiquiatra que el paciente consulta. Siendo así. nosotros nos preocupamos. sobre todo, de los fenómenos alucinatorios que sobrevienen en el curso de una cura, donde las condiciones de la transferencia son las de una cura analítica. Nosotros, no solamente tenemos experiencia de los tipos de alucinación, sino que, además, la teoría analítica de la alucinación está íntimamente relacionada con la teoría analítica de la transferencia. En resumen, nosotros pensamos la alucinación en el marco práctico y teórico de la relación transferencial.
- La alucinación no es un fenómeno específico de las psicosis. Puede presentarse como episodios fugaces, bajo formas diferentes, en el neurótico y en el hombre llamado sano o normal. Me permito recordarles lo que todos sabemos: el sueño es nuestra alucinación cotidiana. Además de este aspecto, señalaré algo que podrá parecerles curioso y es: una cierta predisposición a las manifestaciones alucinatorias o pseudoalucinatorias en el psicoanalista y en todo practicante que recibe la palabra del paciente que dice su sufrimiento. Autores anglosajones, Bion, Winnicott, Paula Helman y otros, han establecido una singular aproximación entre las manifestaciones alucinatorias en el psicoanalista, y el momento crucial de una cura llamada Interpretación analítica. Según estos autores, ciertas Interpretaciones decisivas que modifican el curso de una cura son, a menudo, precedidas por un estado mental del psicoanalista en el que la imposición de una Imagen muy viva arrastra en seguida una palabra que, una vez dicha, constituirá una Interpretación eficaz.
- Y la última cuestión previa deducible de las dos precedentes. La alucinación es, sin duda alguna, la expresión de un extraordinario derroche de energía de un inmenso dolor, de una tensión extrema: y. sin embargo, es también la expresión de un movimiento positivo, es la señal de una extraordinaría capacidad perceptiva, muy diferente de nuestra percepción habitual que está templada por diversas pantallas inhibitorias.
Para un practicante, abordar la alucinación en estos términos orientará su trabajo de la escucha y, en consecuencia, modificará el desarrollo de las curas que él dirige, según pues estos tres principios:
- la alucinación se da siempre en relación con el otro;
- la alucinación puede afectar a cualquiera;
- la alucinación es, sin duda, alguna, un sufrimiento, pero supone también una extraordinaria capacidad de percepción.
Estos tres principios son las cuestiones previas que definen una manera de escuchar al paciente decirnos su alucinación, o vivirla en nuestra presencia.
Llegamos ahora a nuestra manera de pensar psicoanalíticamente la alucinación. ¿Cuál es la especificidad del aporte del psicoanálisis al problema que nos ocupa?
Responderé en seguida con una sola palabra que engloba el conjunto de mi charla: la palabra Sujeto. La novedad en Freud —y con él las diferentes generaciones de psicoanalistas— es haber introducido el factor Sujeto y, de esta manera oponerse a una teoría empírica de la alucinación que pone el acento sobre el factor objeto y define el fenómeno alucinatorio como una percepción sin objeto. El acento estaba, pues, puesto exclusivamente sobre el aspecto sensorial y sobre la presencia real o irreal del objeto alucinado.
Nosotros, en cambio, abordamos el problema dando un rodeo: el rodeo del Sujeto. ¿Cuál es ese sujeto? ¿Se trata de la persona del paciente alucinado? No. Creo que la persona del alucinado sufre y experimenta la alucinación como la irrupción de un fenómeno que le es extraño y que se le impone.
Numerosos autores, en la historia de la psiquiatría, se han inclinado sobre ese carácter extraño y xenofóbico de la alucinación, en atención a la persona del paciente que la experimenta. Es la orientación de la Escuela del automatismo mental, vocablo inventado por Clérambault pero que se inaugura bastante antes con un filósofo notable: Maine de Biran —cuyas teorías prosigue Joffroy— pasando, pues, por Clérambault para continuar con autores como Fretet e incluso Lacan.
Existe un extraordinario artículo de Fretet, aparecido en la Evolución Psiquiátrica, sobre la alucinación considerada como un objeto de mediación en el seno de la relación médico/paciente que él llama relación alucinatoria.
No, cuando nosotros hablamos de sujeto no pensamos en la persona del alucinado. La palabra Sujeto es una forma que yo propongo para concentrar tres aspectos subjetivos no conscientes, que participan en la formación de una alucinación. Estos tres aspectos, que voy primero a nombrar para en seguida desarrollarlos en el esquema, son: el deseo, el Moi y un estado afectivo muy particular, el sentimiento de certeza.
El deseo está, para nosotros, en el origen de toda alucinación. El primer factor subjetivo a tener en cuenta en una manifestación alucinatoria es el deseo del sujeto, el deseo no consciente del sujeto. Entendámonos, cuando digo deseo quiero decir en principio estado de falta, estado de privación y de dolor que favorece y suscita, en compensación, la creación de un producto psíquico nuevo.
La alucinación es una respuesta a un estado doloroso de deseo. Voy a explicarme en la pizarra pero desde ahora subrayo que el estado deseante, el estado de falta, está en la base de la experiencia alucinatoria. Y a la inversa, la alucinación es siempre la expresión de un deseo. La fórmula consagrada es la siguiente: la alucinación es un modo en el cual el deseo se realiza. El deseo puede realizarse de otras maneras. Otros productos psíquicos realizan o cumplen el deseo, pero la alucinación es, tal vez, el más típico, el más puro.
Y añado que si hoy abordo el problema de la alucinación bajo el ángulo del deseo, también habría hablado de la alucinación si el tema hubiera sido el deseo. Porque en el momento en que Freud formula la noción de deseo recurre al concepto de alucinación o, más exactamente, de: realización alucinatoria del deseo.
En resumen, desde un punto de vista clínico cara al paciente alucinado, se trata de pensar el deseo como un estado de falta y de privación que favorece la alucinación; y desde un punto de vista más teórico, pensar la alucinación como el modelo teórico más acabado de una realización del deseo.
Antes de pasar a la pizarra, una precisión muy importante: este estado de deseo que está en el origen del fenómeno alucinatorio es el estado que nosotros tratamos de recrear en el marco de la cura psicoanalítica.
Vamos a la pizarra:
Esquema explicativo de la alucinación como realización del deseo que nos servirá de base para explicar los otros dos aspectos subjetivos que son el Moi y la certeza.
El aparato psíquico es un doble del aparato reflejo.
Ahora, pueden cubrir este dibujo con un papel de calco y colocar una cruz en el lugar de cada elemento. Es decir, lo que van a hacer es sustituir la realidad de cada elemento por una huella dejada en la memoria.
Privamos al aparato reflejo de su realidad externa. ¿Qué es el deseo? El deseo es un estado de tensión psíquica interna, que pretende resolverse con una respuesta virtual, con una descarga virtual que puede atenuar la tensión pero que no la hace desaparecer realmente. La tensión está siempre ahí. Para el psicoanálisis, nuestro aparato psíquico está constantemente en estado de tensión.
En otros términos: nuestro aparato psíquico está siempre en estado de deseo. De un deseo que no llega a satisfacerse, ya que las descargas son más o menos virtuales. Deseo insatisfecho pues. Bien, la alucinación es una solución virtual, una tentativa de resolver el deseo. Ahora bien, como el deseo está siempre insatisfecho, decimos que la alucinación es la realización de un deseo insatisfecho.
He aquí el primer resultado de un esquema que sitúa la alucinación en un punto de vista metapsicológico. Modifiquémoslo ahora para introducir el Moi, más exactamente, una operación, un movimiento del Moi que se revelará decisivo en la mayoría de las teorías de la alucinación influenciadas por la teoría freudiana: me refiero al mecanismo de proyección. Henry Ey y Claude –según sus escritos– harán del mecanismo de proyección el concepto que reúne, a su entender, la diversidad de las formas alucinatorias.
Ahora bien, es Freud el primero que establece las bases del concepto de proyección. Y es Lacan quien, a partir del concepto de proyección, forjará lo que a menudo oímos hoy pero no siempre usado de forma apropiada, a saber: el concepto de forclusión.
En un pequeño texto de una notable precisión, Freud trata de explicar el mecanismo psíquico que provoca una alucinación auditiva y visual, en una Joven alcanzada por un episodio de «confusión alucinatoria». En este trabajo, Freud pone las bases del concepto de proyección o de rechazo.
El moi (aparato psíquico) trata de resolver la tensión del deseo no intensificando ni sobreinvistiendo la imagen-recuerdo, sino utilizando un medio demasiado violento y excesivo: el rechazo de la imagen al exterior, afuera. Él (Freud) no utiliza el término proyección —utiliza el término Rechazo.
Este movimiento desesperado del Moi es una tentativa de deshacerse del penoso dolor del deseo; podemos incluso decir que es una tentativa de curación, una tentativa desafortunada de autocuración. Freud la llama Defensa —y considera la psicosis una enfermedad provocada por el propio Moi, en la tentativa de deshacerse del dolor del deseo.
Entonces ¿cómo concebir la alucinación?
Pues bien, la alucinación es el retorno desde fuera, bajo la forma de una imagen percibida —acústica o visual– de la representación del deseo penoso que ha sido expulsado fuera de mí. Es exactamente esta la definición que da Lacan de la Forclusión: el mecanismo de exclusión de un elemento simbólico que reaparece en lo real. La alucinación puede entonces definirse, desde el punto de vista lacaniano, como: la aparición en lo real de un elemento excluido de lo simbólico.
Podemos, pues, concluir diciendo que la alucinación es la expresión clínica de una defensa del Moi contra el dolor del deseo.
- Antes —desde un punto de vista teórico, metapsicológico— dijimos: es la expresión de un deseo.
- Ahora —desde un punto de vista más psicopatológico— decimos: es la expresión de una lucha del Moi contra el deseo.
Para precisar mejor el movimiento de proyección —y llegar en seguida al tercer elemento (la certeza)– tomamos el ejemplo de la alucinación onírica descrita por Freud, en su texto Complemento a la teoría del sueño. Este texto, en el cual Freud subraya la importancia del factor conciencia como tema de Investigación, al que deben consagrarse quienes se dediquen a la investigación del sueño, fue comentado a este respecto por H. Ey.
La certeza del alucinado
La búsqueda de una definición moderna de alucinación debería empezar por el retorno a la vieja, pero excelente, definición de Esquirol (1817): “Un hombre que tiene la profunda convicción de que percibe una sensación en ese momento, cuando ningún objeto externo —que pudiera excitar esa sensación— está al alcance de sus sentidos (puede haber objetos interiores que provocan un dolor que no es alucinación), está en un estado de alucinación.”
Muchos autores de nuestro tiempo han vuelto a esta definición y la aceptan como la mejor base que haya podido darse. Pone el acento en la parte subjetiva, el aspecto sobre el cual convergen: Bergson, Janet, Ey. Lacan. ¿Por qué? Porque introduce el asunto de la certeza o convicción —creencia delirante. Es decir que nos hallamos en presencia de un sujeto dividido entre el que vive, extrañado, su alucinación como fenómeno intermitente, extraño a sí mismo, y el que es atrapado por la alucinación, absorbido por ella.
¿A qué nos lleva la certeza del alucinado?
Esquirol habla de convicción de una sensación sentida, cuando no hay percepción. Otros hablan de convicción de la realidad de la cosa alucinada. Nosotros diremos que la certeza —convicción inquebrantable— lleva a:
- La exterioridad de la cosa alucinada, y a partir de aquí, a la existencia; la cosa existe porque se sitúa fuera de mí.
- La existencia de la cosa alucinada: una existencia que no es el resultado de un juicio. La fórmula sería: las voces, por ejemplo, él cree en su existencia. La cuestión para el soñador o alucinado no es saber si el objeto de su visión es real o no. Existe —eso es todo.
- El sentido de la cosa alucinada: él cree lo que las voces le dicen. La fórmula sería: las voces, él las cree. Lo que interesa al alucinado no es cómo ni por qué hay voces, sino escuchar lo que le dicen o, al contrario, no escucharlas.
- La certeza de la dirección (Intención): no es sólo la profunda convicción de que las voces existen fuera de mí, sino también que ellas sólo existen para mí, en el sentido de que ellas se dirigen antes que a nadie y sobre todo a mí. La realidad de la alucinación no se define según el criterio de verdadero o falso, sino siguiendo este elemento de la dirección (o intención). Podríamos definir la realidad alucinada como esa realidad que me llama, que significa algo y me significa. En la alucinación no sólo hay una investidura libidinal de una imagen-recuerdo, sino que somos el objeto de una investidura libidinal que viene de fuera. Forjamos una imagen que nos hipnotiza a nosotros mismos.
El alucinado ama su alucinación como a sí mismo.
Retengamos, desde el punto de vista psicoanalítico, tres aspectos esenciales:
- el tema del deseo,
- el tema de la proyección,
- el tema de la certeza.
J.D. Nasio
Traducción: Nati Torres
(Conferencia dictada en noviembre 1990 por Juan-David Nasio en el Seminario de Psiquiatría biológica, dirigido por el profesor H. Loo. Hospital Psiquiátrico de Sainte Anne. París. Traducida por Nati Torres y publicada con la autorización del autor en Apertura, Cuadernos de Psicoanálisis, nº 7.)
Hacia el ombligo del sueño
Hacia el ombligo del sueño
El presente trabajo se propone realizar un recorrido por La Interpretación de los sueños de Sigmund Freud, considerada obra fundacional del psicoanálisis como tal, siguiendo resumidamente sus lineamientos teóricos esenciales en el intento de situar finalmente lo que el autor designó allí el “ombligo del sueño” bajo la égida de su primer ordenamiento metapsicológico.
Obra fundamental en la que al centrarse en el análisis de sus propios sueños, y tras sus primeras experiencias en el tratamiento de los fenómenos neuróticos, especialmente histéricos, distingue lasparticulares leyes que rigen el funcionamiento inconsciente, bien diferentes a aquellas que comandan los fenómenos conscientes. Es decir que las formaciones del inconsciente poseerán para Freud una lógica en común, lógica que el autor aborda y demuestra a lo largo de su obra en los síntomas neuróticos, los sueños, los actos fallidos y el chiste. Todas ellas se hallan organizadas de acuerdo a las leyes que Freud deslinda aquí, en su obra fundamental sobre el sueño, y la clave del análisis sistemático de las producciones oníricas radicará en el reconocimiento de estas leyes estructurales comunes.
En la introducción del capítulo VII titulado Sobre la Psicología de los procesos oníricos Freud deja en claro que el propósito de su indagación en el mundo de los sueños consiste en obtener o fundamentar “una inferencia acerca de la construcción y el modo de trabajo del instrumento anímico…para este fin deberá conjugarse lo que el estudio comparativo de toda una serie de operaciones psíquicas arroje como elementos de constancia necesaria"[1].
Allí donde otros desestimaban al sueño en términos de residuo cerebral sin relevancia, de contenido arbitrario, Freud lo supone un acto psíquico de pleno derecho, poniendo en valor el determinismo psíquico, la naturaleza tendenciosa del sueño y, en ese mismo movimiento, ubica al sueño, abordado como texto cifrado que atesora la verdad subjetiva del soñante, en la serie de las formaciones del inconciente que interesan al psicoanálisis.
Capítulo a capítulo, Freud irá desarrollando los mecanismos presentes en los sueños para concluir que las leyes del funcionamiento psíquico inconsciente se rigen por lo que denominará el proceso primario, característico de dicha instancia tanto para el funcionamiento del sueño como del aparato psíquico en general.
Esta constatación de lo inconsciente como fenómeno universal, no circunscrito a lo patológico, es uno de los grandes aportes del descubrimiento del trabajo del sueño. Al ser el sueño una experiencia de todos, un fenómeno universal, con su estudio sistemático, el psicoanálisis deviene un método que permite revelar el sentido de todas las producciones del inconsciente (no sólo las articuladas al sufrimiento o a lo patológico) en el caso por caso, apuntando a la singularidad radical de cada sujeto en análisis.
Freud reconoció hasta en sus últimos textos la importancia que el estudio sobre los sueños comportó en el avance de su teoría. En 1933, refiriéndose a la doctrina de los sueños, dice: "Ella ocupa en la historia del psicoanálisis un lugar especial, marca un punto de viraje; con ella el psicoanálisis consumó su transformación de procedimiento terapéutico en psicología de lo profundo. desde entonces, sin duda alguna, la doctrina de los sueños ha permanecido como lo más distintivo y propio de la joven ciencia"[2].
Una lógica de lo aparentemente ilógico. La vía regia de acceso al Inconsciente
En un movimiento profundamente original, Freud otorga valor psíquico a un fenómeno que, hasta ese momento era considerado por las concepciones teóricas dominantes de la época como un residuo de la actividad cerebral, resto meramente biológico irrelevante sin implicaciones psicológicas. Es Freud quien rompe esta línea de pensamiento mediante la elaboración de armazón teórico con el que explica su particular lógica demostrando que la actividad anímica no cesa al dormir. Abandonada la vigilia, continuamos siendo influidos por la dinámica de nuestras pulsiones, que pugnan por expresarse, y en las producciones oníricas lo hacen deformadamente. Es que al dormir se produce una regresión a los modos más primitivos de satisfacción y de representación del soñante, por lo que tal satisfacción se cumple, en base a un miramiento por la figurabilidad, de manera alucinatoria. Los sueños están regidos entonces por el principio de placer y constituyen la realización de deseos infantiles inconscientes. Se desprende entonces claramente la hipótesis freudiana según la cual el sueño es una producción del inconsciente que disfraza su significado para que se diga a pesar de la censura.
En este sentido, al final del capítulo VII de dicha obra, Freud señala que los sueños son “la vía regía para acceder a lo inconsciente”[3] dado que su análisis conforma un método de indagación sobre la vida anímica, medio poderoso para contactar afectos e ideas que permanecían fuera de la conciencia, lo cual permite elaborar, interpretar y comunicar los deseos y mociones más reprimidos en el devenir de un análisis.
Para el psicoanálisis los sueños también constituyen una formación de compromiso entre dos instancias: El sistema Inconsciente, reservorio de los deseos reprimidos y el sistema consciente, a cargo, entre otras cosas, de censurar sus expresiones.
Además, en los sueños las palabras son tratadas como cosas; por lo que pueden ser considerados como un acertijo o enigma gráfico, ya que el contenido onírico suele estar sobredeterminado por varios deseos condensados y por restos diurnos.
De forma que, los sueños escenifican deseos indestructibles que brotan de las huellas de la vida infantil a las que un sujeto ha quedado fijado y tiende a regresar.
Freud señala que los sueños poseen, por un lado, un contenido manifiesto, es decir, el texto o relato narrado en la sesión, constituido por representaciones que a veces presentan en apariencia una serie de incongruencias y por otro, un contenido latente, aquel que se oculta tras el aparente sinsentido manifiesto del sueño. De modo que, los pensamientos latentes, fantasías inadmisibles, deseos inconfesables y restos diurnos, se transforman en un contenido difícil de reconocer para la consciencia bajo su lógica.
Todo ello se conoce como trabajo de la elaboración onírica en el que intervienen ciertos mecanismos elementales que constituyen sus contenidos y que son propiciados por la censura, cuya función es conminar al enmascaramiento de los deseos inconscientes, resortes del sueño, para que sean irreconocibles ante la consciencia.
Entre los principales mecanismos operantes en el trabajo del sueño resaltan: La condensación, que permite a que una representación simbolice en sí misma varios elementos de la cadena asociativa; el desplazamientoque hace que la intensidad del afecto que acompaña originalmente a una representación se dirija a otra de menor intensidad, al punto que así pueden surgir incluso representaciones contrarias a los afectos originales; la elaboración secundaria que refiere a tendencia psíquica de recubrir las lagunas del sueño para darle una mayor coherencia narrativa y le permiten al paciente narrar el contenido manifiesto con cierta cohesión.
La producción onírica comienza ya durante el día, alimentada por los restos diurnos, es decir, percepciones, fantasías y pensamientos preconscientes. A su vez, para su causación, los sueños toman el camino de la regresión, con el fin de atraer todo tipo de recuerdos, percepciones y representaciones como cargas visuales.
Por tanto, en la producción onírica interviene lo que Freud da en llamar el miramiento por la figurabilidad, es decir, el aspecto inconsciente que hace que todas las significaciones por muy abstractas que sean, se expresen por medio de imágenes.
Por otra parte, Freud es contundente al afirmar que aunque en ciertas ocasiones resulte paradójico para el soñante en cuestión, el sueño es una realización de deseo. Es decir, que la fuerza impulsora y principal de los sueños emana del sistema inconsciente, el resorte de la producción onírica lo constituyen los deseos sexuales infantiles e indestructibles que han sucumbido a la represión pero que se enlazan a ideas preconscientes y a las vivencias cotidianas.
De modo que, la interpretación del sueño no consistirá en agregarle un significado preconcebido, su interpretación se da en virtud de las asociaciones del propio analizante y su singularidad. Desde la perspectiva del psicoanálisis, los contenidos manifiestos se interpretan a partir de la particularidad de cada analizante en el seno del dispositivo analítico, bajo transferencia, y en base a la regla fundamental, es decir, la invitación a que el paciente hable, que diga todo aquello que se le venga a la mente, así le parezca absurdo, inoportuno o incluso le de vergüenza, sin ejercer juicio ni desestimación.
Muchos años después, en 1964, Jacques Lacan hará un señalamiento crucial e instructivo respecto a aquello a lo que debe apuntar el trabajo de interpretación, nos dirá: “El objetivo de la interpretación no es tanto el sentido, sino la reducción de los significantes a su sin-sentido para así encontrar los determinantes de toda la conducta del sujeto”[4].
La realización de deseos inconscientes. El papel de los restos diurnos. El problema de los sueños traumáticos.
Recordábamos previamente que Freud, luego de culminar la interpretación del paradigmático sueño de la inyección de Irma, afirma sin titubeos que "una vez llevada a cabo la interpretación completa de un sueño, se nos revela éste como una realización de deseos"[5], y seguidamente dedica un capítulo explícitamente a desarrollar esta idea.
Desde la sencilla comprobación de esta aseveración en los sueños infantiles, hasta su reafirmación en los sueños de angustia, Freud no estableció excepciones a dicha regla.
Divide los sueños en aquellos que mostraban francamente la realización de deseos, especialmente los infantiles, y aquellos otros en los que la censura provocaba que apareciesen disfrazados[6], ofreciendo diversas interpretaciones a los casos aparentaban constituir excepciones a la regla; por ejemplo, aquellos sueños en los que la no realización de un deseo significa la realización de otro[7], también plantea la posibilidad de la coexistencia de varios sentidos en los sueños[8], de modo que podrían yuxtaponerse varias realizaciones de deseos. También hablará de los sueños en tanto defensa frente a la angustia en aquellos sueños angustiosos que provocan el despertar del soñante. De cualquier modo, sobre su procedencia no deja lugar a dudas, sostiene, para todos los casos, el origen inconsciente e infantil del deseo representado en el sueño[9].
Esta concepción condiciona su perspectiva acerca del papel del resto diurno en la formación del sueño. Para Freud, los deseos insatisfechos de la vigilia contribuyen a provocar el sueño, pero no logran formarlo por sí mismos, para ello siempre será imprescindible su conexión con deseos inconscientes. La fuerza del sueño, su resorte siempre emana del campo pulsional inconsciente. En este sentido los restos diurnos son, en todos los casos, de importancia secundaria, siendo la fuerza pulsional inconsciente el motor de la formación del sueño, les atribuye el papel de meros desencadenantes o acompañantes de los deseos inconscientes infantiles: "imagino que el deseo consciente sólo se constituye en estímulo del sueño cuando consigue despertar un deseo inconsciente de efecto paralelo con el que reforzar su energía"[10].
Utilizando la metáfora del socio industrial y el capitalista[11] para distinguir entre fuente y motor del sueño, dando cuenta del diferente papel de los restos diurnos y los deseos infantiles en la formación del sueño. El resto diurno sería así el socio que aporta la idea y que desea explotarla, pero nada puede hacer sin que el capitalista, los deseos infantiles inconscientes, asuma los gastos de inversión, en este caso, los gastos psíquicos necesarios para la formación del sueño. Sostiene que se produce una transacción mediante la cual los restos diurnos toman la fuerza necesaria del deseo inconsciente y, a su vez, éstos los utilizan como el medio imprescindible para acceder a la conciencia[12], "...el gasto psíquico necesario para la formación del sueño es siempre, cualquiera que sea la idea diurna, un deseo de lo inconsciente"[13]. Afianzando aún más esta afirmación, plantea la condición de indestructibilidad de los deseos inconscientes[14].
El ombligo del sueño
La asimilación de lo estudiado sobre los sueños en los primeros capítulos a la generalidad de los fenómenos psíquicos se plasma de modo fundamental en el mencionado capítulo VII, donde presenta su hipótesis global del funcionamiento del aparato psíquico, estableciendo los principales mecanismos intervinientes y desarrollando su teoría acerca del funcionamiento de la memoria. Respecto a esta última, el singular tratamiento que Freud hace del olvido, aplicado al sueño lo lleva a plantear que “no conocemos el sueño que pretendemos interpretar; más correctamente: no tenemos certidumbre alguna de conocerlo tal como en realidad fue”[15]. Y en este punto es clara la referencia a la noción freudiana de huella mnémica y el planteo de la realidad en tanto realidad psíquica. Al respecto, Lacan en su Seminario 2 dirá, “La degradación, incluso el olvido del texto del sueño importan tan poco, nos dice Freud, que aunque de él no quedara más que un solo elemento, un elemento del cual se duda, la puntita de un fragmento, la sombra de una sombra, podemos seguir adjudicándole un sentido. Es un mensaje. El mensaje no se olvida de un modo cualquiera (…) una censura es una intención”[16].
Habiendo postulado al sueño como un texto sagrado[17] y ahora avanzando en la lógica del trabajo de su interpretación a la luz de la hipótesis del determinismo psíquico y su encadenamiento, Freud abordará a la interpretación del sueño en términos de urdimbre[18]. Y es aquí que señala que tal trabajo simbólico interpretativo encuentra su límite, un punto de incompletud, el llamado ombligo del sueño. Previamente, en una nota al pie presente en el capítulo 2, nos había regalado esta hermosa referencia: “Todo sueño tiene por lo menos un lugar en el cual es insondable, un ombligo por el que se conecta con lo no conocido”[19].
Ahora se referirá de manera más precisa a la dimensión inefable, umbilical del sueño en estos términos: "Aun en los sueños mejor interpretados es preciso a menudo dejar un lugar en sombras, porque en la interpretación se observa que de ahí arranca una madeja de pensamientos oníricos que no se dejan desenredar, pero que tampoco, han hecho otras contribuciones al contenido del sueño. Entonces ese es el ombligo del sueño, el lugar en que él se asienta en lo no conocido. Los pensamientos oníricos con que nos topamos a raíz de la interpretación tienen que permanecer sin clausura alguna y desbordar en todas las direcciones dentro de la enmarañada red de nuestro mundo de pensamientos. Y desde un lugar más espeso de ese tejido se eleva luego el deseo del sueño como el hongo de su micelio"[20].
El ombligo del sueño, punto de detención de las asociaciones, límite al trabajo de interpretación, punto opaco respecto al sentido, quedará delimitado entonces como el lugar de lo incognoscible en la trama desde donde emerge el deseo como el hongo de su micelio.
La referencia de Freud a este asentamiento del sueño en lo no conocido será luego retomada por Lacan en varios momentos de su enseñanza, señalando allí un punto de imposibilidad que se aísla del y por el trabajo interpretativo, "La relación de este Urverdrängt, de esto reprimido originario… creo que es a eso a lo que Freud vuelve respecto a lo que fue traducido muy literalmente como ombligo del sueño. Es un agujero, es algo que es el límite del análisis. Esto tiene evidentemente algo que ver con lo real, que es un real.”[21]. Es decir, aquello contra lo que se tropieza de lo más real de la relación del sujeto soñante con el deseo y el goce, un punto de (des)encuentro estructural con una falla en el saber sobre estas cuestiones de la ex- sistencia.
En la clase 8 del 19 de febrero de 1974 de su Seminario 21, Les non dupes-errent o Les noms du père, Lacan también nos ofrecerá esta preciosa reflexión sobre el alcance de lo enunciado por Freud al respecto, con la que me gustaría cerrar el presente trabajo: “...todos sabemos porque todos inventamos un truco para llenar el agujero (trou) en lo Real. Allí donde no hay relación sexual, eso produce "troumatismo" (troumatisme) Uno inventa. Uno inventa lo que puede, por supuesto"[22].
Artículo de María Sette
[1] Freud, Sigmund, La Interpretación de los sueños, en Obras Completas, Volumen V, en Obras Completas, Amorrortu Editores, Buenos Aires, p.506.
[2] Freud, Sigmund, Nuevas conferencias de introducción al psicoanálisis, en Obras Completas, Volumen XXII, Amorrortu Editores, Buenos Aires, p.7.
[3] Ibid, p. 597.
[4] Lacan, Jacques. El seminario de Jacques Lacan. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina, p.219.
[5] Ibid, p.141.
[6] Ibid, p.543.
[7] Ibid, p.169.
[8] Ibid, p.232.
[9] Ibid, p.546.
[10] Ibid, p.553
[11] Ibid, p.553
[12] Ibid, p.555.
[13] Ibid, p.553.
[14] Ibid, p.569.
[15] Ibid, pag.507.
[16] Lacan, Jacques, El seminario de Jacques Lacan : libro 2 : El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica.- 1ª ed. 11° reimp.- Buenos Aires, Editorial Paidós, 2008, p. 191-192.
[17] Ibid, p.508.
[18] Ibid, p. 519.
[19] Ibid, p. 132.
[20] Ibid, p. 519.
[21] Lacan, Jacques, Respuesta de Jacques Lacan a una pregunta de Marcel Ritter, 26 de enero 1975, Inédito. Versión digital en https://marioelkin.com/blog-respuesta-a-una-pregunta-de-marcel-ritter-jacques-lacan/
[22] Lacan, Jacques, Seminario XXI Los no incautos yerran o Los nombres del padre, Clase del 19 de febrero de 1974, Inédito, traducción de Rodríguez Ponte, Escuela Freudiana de Buenos Aires.









